lunes

Se distingue que en algún lugar del cielo, detrás de la ambivalente nubosidad, está el sol. Algunos rayos hábiles son capaces de filtrarse y rozar las calles delicadamente. Casi no hay viento, la vegetación está inmóvil. Es un escenario tenso. No hay aves surcando el cielo ni automóviles recorriendo las calles.

El movimiento insigne del valle se ha detenido. Las montañas están rígidas y el baile de las copas de los árboles ha terminado. Quieto en el lugar de siempre, el pulmón esta inerte cubierto de una sustancia negra y viscosa muy parecida al petróleo. No respira. Ha desaparecido gran parte de la vegetación de su superficie, y la que aun queda esta cubierta de miel negra, lo que obstruye todas las vías respiratorias de la ciudad. Obstruida, cubierta, comienza a difuminarse lentamente al interior de una nube gris.

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