martes

Estuve a punto de irme, y como siempre que estoy a punto de irme me acordé, todavía no toco la guitarra. Cómo me gusta tomar té cuando no hay otra cosa que hacer. Me acordé de la espiga en el canasto, y las frutas sobre la mesa en ese cuadro sin nombre. La muñeca deforme sobre el refrigerador, los matamoscas llenos de manchas. Y las bolsas que cuelgan del techo. Me gusta, me gusta. Sólo agua fría para lavar las cosas. Sólo agua fría y un montón de oxígeno. Y luego la isla de cemento inmóvil, en el medio del continente fosilizado. Las cenizas invisibles, los aviones estacionados en los aeropuertos vacíos. Mi compañero piloto admitiendo que un piloto es sólo un astronauta pobre. Y que ya nadie mira el suelo para aterrizar.

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