martes

Estuve a punto de irme, y como siempre que estoy a punto de irme me acordé, todavía no toco la guitarra. Cómo me gusta tomar té cuando no hay otra cosa que hacer. Me acordé de la espiga en el canasto, y las frutas sobre la mesa en ese cuadro sin nombre. La muñeca deforme sobre el refrigerador, los matamoscas llenos de manchas. Y las bolsas que cuelgan del techo. Me gusta, me gusta. Sólo agua fría para lavar las cosas. Sólo agua fría y un montón de oxígeno. Y luego la isla de cemento inmóvil, en el medio del continente fosilizado. Las cenizas invisibles, los aviones estacionados en los aeropuertos vacíos. Mi compañero piloto admitiendo que un piloto es sólo un astronauta pobre. Y que ya nadie mira el suelo para aterrizar.

miércoles

Es de noche. Luces se pierden en lo que escuchamos, es el mar. Hay barcos y un muelle. Ninguno llegará a tierra firme, todo huele a corrupto. Unas rocas ordenadas de forma artificial dibujan con las olas cuando revientan, creando figuras deformes. Quedan pocas personas, se esparcen y caminan, dan vueltas, yendo a ninguna parte. Es de noche y se conversa. Muchos ríen de forma desmesurada, una risa viscosa que viaja por el viento. Gotas viscosas de viento.

Niños. Estructuras de madera en forma de obstáculos presionando las acrobacias infantiles. Cadenas, tablas y descensos, pequeños puentes constituyen otros desafíos. Risas ligeras que no se mezclan con el viento, vírgenes.
¿Risas?

La luna apunta con una luz opaca una dirección. Desde los Juegos hiede.
Risas suaves que suenan con sensación contradictoria. Desde los juegos hiede.

Una casa de niños, una ventana que mira al mar cubierta por dos cuerpos desmesurados ¿inocentes? Una falda sube y deja ver un muslo joven que se arquea y se deja. Otro, Jefe; La mano que controla los tiempos y los movimientos que hacen lo demás. De forma suave es suficiente. Es suficiente.

Al fondo, a través de lo que queda de ventana el Mar irreconocible, barcos que flotan sobre negrura y navegan quietos los mares de los muertos. Risas que corren entre los palos, que escapan encontrándose, que no se miran, ojos abiertos y brillantes que corren, vírgenes.

La voz de un niño: ¡Cuidado, alguien espía!

jueves

DISCURSO

Somos miserables,
Y esta es la elevación de los miserables.
¡Que la miseria baje del cielo!

Cesante,
Estudiante,
Confuso.
La miseria configura nuestros actos
Y ahora,
Bajo los ojos del mundo,
Nos levantamos materialmente.
Hicimos algo grato,
Algo reconocible.

Nuestra existencia rebota y rebota
Sobre la superficie
Del sentido común,
Pero si se acercan un poco
Sentirán el mal olor;
Somos miserables.
No tenemos nada que agradecer,
Pues no hacemos nada bueno.
Las categorías de belleza no nos tocan,
Y nos sentimos gratos
En esta posición,
No necesitamos más.
Nos sentimos agraciados
En esta posición,
No necesitamos más;
Somos buenos
Y hediondos a la vez,
No necesitamos más;
Recogemos con una bolsa
La caca de la humanidad
Y estamos bien,
Ese olor
Es la certeza de existir
Pues somos solo una fosa nasal,
Somos un olfato
Que palpita
Al ritmo de las calles,
Al ritmo del yugo,
Al ritmo de la necesidad,
Al ritmo del hambre.
Somos miserables
y no necesitamos mas.
¿Quién dice que yo vivo?
Ustedes,
Las partes que no soy yo,
Las que aseguran
Que las tentativas
De solo respirar
De solo traer más y más acá
Las distintas facetas
De los hechos
Implican
Necesariamente
Vivir

¿Quién dice que yo vivo?
Las caricias de un semblante cariñoso
Que reafirma
Que estoy aquí
Entre todos,
Permaneciendo

¿Quién dice que yo vivo?
El cerebro
La pulsación constante
La pasión intravenosa
La presión de la carne
La conducta permanente de la materia
Que esporádicamente
Habla tan poco de lo que siento

¿Quién dice que yo vivo?
El silencio y la quietud
La templanza del tráfico
Los animales
El océano
La proyección eterna
De la maravilla que queda fuera
De la ambigüedad
De los sentimientos

¿Quién dice que yo vivo?
Los actos
El movimiento,
Los sonido de mis pasos
Bajo el segundo piso
Cuando caminar a horas elevadas de la noche
Levanta quejas
Por la voz de mis pies

lunes

Nació una hora tarde. Nunca fue mi hijo sino hijo de la hora. El ritmo todavía golpea mi estómago, la carne que se mueve dentro de la carne. Luces que aparecen de repente y me hacen cerrar los ojos. Una industria abandonada y con olor seco. El humo que salía de las chimeneas todavía se respira, allí, donde la primavera se esconde. Atrás un tumulto despierta el niño. La guagua llora, de nuevo, en algún lugar de esa fábrica. Cruzo el gran salón, tropiezo un poco, las tuercas en el suelo meten ruido agudo. La guagua llora. Escucho de nuevo un silbido ronco, en algún lugar y los ventanales se abren pero el cielo está rojo. Furia. La guagua llora. Bajo las escaleras, corro cansada. Veo las luces de nuevo, unas líneas que se mueven en el fondo, un panel lleno de abejas. Furia. La guagua llora. El panel arde, un olor dulce me deja…Las abejas y su extraño crepitar, el sonido de los que se rehúsan a morir. No sé por qué, pero sé que se hizo de noche afuera. La guagua llora. Furia. Desesperación. Mis manos se transforman en plantas, llenas de flores. Taca tá, un caballo blanco se acerca. Lame mi espalda lento. Empieza a comerse mis manos.
Dos personajes se encuentran. Pequeño ensayo de lo que podrían ser.


Hace tiempo que querían ir a visitar a su tía. Por varios años ya que no hablaban. Había sido informado que su prima tenía un hijo, que se llamaba Martín o Sebastián. Cuando decidió que iría con Irina se sintió sorprendido de su propia determinación. Ahora en el auto no hablan. Ella no deja de mirarlo con esos ojos largos. Pero él mira el camino con atención. Hay una radio de carretera sonando de fondo. Suena una ranchera low fi. Es difícil partir una historia que no tiene comienzo.

2

Recibió una carta en respuesta a la suya después de un mes. La dirección en el reverso no la conocía. Seguramente era un pueblo en el sur, por que no tenía ces sino erres.
En la carta se estipulaba que seguramente no llegaría muy pronto, por lo que hablaba de cosas que carecían de actualidad. Alguien había muerto hace tiempo, los días son lentos, no falta comida. Se sentó a releerla y le vino la sensación de que no podía ser malo.

3
Un perro le ladraba desde la reja. No se veía a nadie para adentro, pero había un jardín algo cuidado. Escuchaba a lo lejos el chillido de los pájaros en los árboles. Cuando miró hacia arriba el sol lo dejó medio ciego. Sintió los pasos de alguien que venía desde el interior de la bodega. El olor a humedad se le pegaba en las manos.

4
Irina sonrió insistente ante la pequeña figura que veía desde lejos. Se vieron las caras los unos a los otros, Irina seguía sonriendo con la misma insistencia. El razonamiento circular funciona porque es circular, dijo en voz baja y mirando tímido la reacción de ella. Y ella lo evita por primera vez respondiendo que el perro ladra y muerde, pero nunca los dos al mismo tiempo. Irina sonríe insistentemente.

5
Alberto le toma la mano a Claudia. Siente ganas de decirle algo especial. Sabe sin embargo que es tarea imposible, se decide al silencio. Irina sonríe insistentemente. Soy la compañera de Alberto. Cómo has estado? Claudia mira de lado, abre la boca pera decir bien y tu, y vuelve sumergirse en el mismo tiempo en el que ha estado todo este tiempo.

6
Le entrega la caja de mazapanes con un ademán de dueño de ceremonia. Claudia se sonríe ante el acto tan instintivo de Alberto de ser su leal servidor. Cualquiera diría que nada ha cambiado. Siente deseos de decir la palabra ridículo, pero se contiene. Las cosas tienen que ser distintas ahora. O si no esta historia no sería interesante.
Sensación pasajera
La del día lleno
Cuando tenía tan cosas
Que hacer y decir
Y la mañana era
Momento importante
Y el sol era
El sol brillando por última vez

Ahora avanzo en la noche
Una como cualquiera
Y creo que solo me espera
Encontrar un garabato de mí
Sigo y camino en la noche
Una como cualquiera
No paro de dar vueltas
De ja vu
¿Qué fue de la realidad?
¿Qué fue de la libertad?
Tal vez ahora son recuerdos
O ya no tienen tantas luces

¿Hasta donde llegó el amor?
¿Cuan grande e intenso fue?
Si la mentira fue la vida
Y el odio la última palabra

¿Qué tan útil fue hablar?
¿Qué tal claro explicar?
Si las respuestas van en el viento
Y este no entra en las cloacas

Sin pensar en mí
Salvé de mí
Salvé de mí
Se distingue que en algún lugar del cielo, detrás de la ambivalente nubosidad, está el sol. Algunos rayos hábiles son capaces de filtrarse y rozar las calles delicadamente. Casi no hay viento, la vegetación está inmóvil. Es un escenario tenso. No hay aves surcando el cielo ni automóviles recorriendo las calles.

El movimiento insigne del valle se ha detenido. Las montañas están rígidas y el baile de las copas de los árboles ha terminado. Quieto en el lugar de siempre, el pulmón esta inerte cubierto de una sustancia negra y viscosa muy parecida al petróleo. No respira. Ha desaparecido gran parte de la vegetación de su superficie, y la que aun queda esta cubierta de miel negra, lo que obstruye todas las vías respiratorias de la ciudad. Obstruida, cubierta, comienza a difuminarse lentamente al interior de una nube gris.

Temuco