Retórica. Encuentro entre la razón y el intento. Amenazaste con no seguir hablando, te reté (sin padrinos y sin guante). Dijiste, entre otras cosas, la razón por la que soy como soy. Dudé un momento. Insistí de nuevo en que las cosas no son tan así. Recuerdo un único momento y se podría llamar verdadero. De nuevo, qué palabras más dulces! No me olvido de nada. Por favor, gracias.
Alcancé en un segundo encuentro entre la razón y el intento a ver apenas el sentido. Y luego y de nuevo una conversación. Interminable conversación todas las veces. Acaba todo como siempre, y en un tercer encuentro entre la razón y el intento, me acuerdo de cuando hablaba y entendía profundamente las cosas que decía.
miércoles
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