martes
Miro las líneas nuevas de mi mano. Me pregunta que por qué me las miro tanto. Le explico que me cambiaron las líneas, de pena, y que he intentado borrarlas, pero que ya se quedaron ahí, que quizás qué implicancias tengan en mi destino y cómo puede cambiar tanto algo que existe apenas. Me pregunta si es que no sé acaso que las líneas se dan por la forma en que uno apreta las manos. Le digo que se imagine qué me pudo haber pasado, como para apretar las manos de otra forma. Tienes razón, se acerca. Toma mi mano, la mira. Me dice que el me conoce así, con estas manos, y que de todas maneras le gustan. Besa la derecha largo, siento como si me la quitara un poco. La pone en su mejilla y me mira fijo. Lo bueno de nosotros, dice, es que de verdad de verdad no nos gustamos.
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