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En el edificio número 35 de la calle Sonne Alle se encuentra un excelente mural realizado por un desconocido artista chino, que habiendo vivido más de diez años en la capital nunca pudo aprender el idioma. Amaneció un día la parte frontal del inmueble cubierta por peces de colores inmensos y sombras de objetos que no se alcanzaban a ver. Al día siguiente cuando golpearon la puerta, encontraron su piso absolutamente abandonado, sus paredes blancas. No hubo hallazgo de un bosquejo del mural o de otros trabajos. Los vecinos se preguntaron si no habría sido un suicida, pero la verdad no tropezaron con pruebas suficientes como para cerrar esa versión de la historia. Especialistas de distintas universidades visitan esta calle con su clase, como parte de la investigación acerca del flujo de inmigrantes durante principios del siglo veinte. En el número 35 viven ahora solo turcos y estudiantes, la mayoría de ellos desconocen el origen de su fachada.

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