jueves

Yo no me sentía mal, sólo un poco enferma y tal vez cansada. Ya habían pasado dos años y el tiempo transcurría siempre un poco más lento. No tuve mucho que decirle excepto eso. Tantas caras y tanto sí. No puedes pedir mucho más. Él se había comprado una moto y pensaba iniciar un viaje sin una vuelta concreta. Una vuelta, sí, al fin y al cabo todos siempre vuelven. Le hablé del poeta niño que desapareció en el continente azul que tiene todos los soles. Le hablé de la bala que habría perdido en algún momento y se llamaba poesía. No quise hacerme responsable de mis palabras ni de mis gestos,pero algo pude decirle y basta. Después caminé a mi casa que no quedaba lejos y me dije que mañana sin falta me compraría un abrigo nuevo. El blanco resplandecía. La calle estaba vacía, los faroles fuljuraban, el invierno está terminando. No sé de horas, el invierno estaba terminando.

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