domingo
Abro la puerta con miedo. Es ella de nuevo. Me ha traído una planta y comida. No puedo entenderla, cómo se mueve, cómo espera un gesto o algo. Se sirve un vaso de agua, y eso es un vaso y eso otro es agua. Tengo miedo. Cada vez que habla siento un estallido en mi cara, un calor sofocante, un estrépito en los huesos. Es como caer por las escaleras más oscuras imaginables. Pocas veces me imagino el sabor de su cuerpo. El sabor de su lengua y la mía. Entonces no puedo verla ni temerle. Nosotros no somos nada bueno.
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