domingo

Y tu nombre tampoco te pertenece

y las cuerdas renunciaron hace rato

y mis manos me recuerdan otro

y las tuyas se deshacen en sangre

pero no se rían de mí porque lloro

porque lloro con vergüenza y hastío

cansada de mi misma y lo que pienso

no me pesa o lo ignoro

canciones sueltas de varios años

canciones muertes de amor o romeo

o julieta pero nunca los dos juntos

y a todos les pasa alguna vez en la vida

hasta que nos morimos o renunciamos.

Pero seguro hablaremos mas tarde

de alguna otra cosa.

Pero seguro tendrás que llevarme contigo

como yo a veces me llevo.

Aquí mismito la herida

que parece ahora un árbol muerto

como el que vi años atrás desde el quinto piso

y el Celestino

lo indicó con el dedo chueco

lo cortó en varios pedazos

vino la municipalidad

y nunca más lo vimos.

El mismo lugar ahora

tiene un espacio vacío

y nunca hubo un árbol muerto

y nunca hubo barro.

Pero esas son ya otras cosas

que no podría ni querría explicarlas

cuando todavía no sabía tantas palabras

como para hacer poemas

y los hacía en sueños

paranoica por el apocalipsis

y el inspector gadget.

Una máquina tiene que inventarse pronto

para borrar gente de la memoria.

Una máquina tan necesaria

como la de teletransportación.

Una máquina con dos líneas amarillas a los lados

como la que dijiste que me ibas a regalar

como todas las cosas que dijiste

que me ibas a dar y no me diste.

Al final no debo nada y me deben todo.

Pero no lo aceptaría de todas formas.

Me lo comería yo creo.

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