domingo

para bolaño, san

Estimado Roberto:

ud. me pone en la encrucijada de vivir un otoño no en Gerona sino en Santiago. Me pone en el aprieto de no escribir lo que debiera escribir porque termina resultando en este tipo de cosas, donde el corazón cuando río duele y me tira de ambos lados, para arriba y para atrás, y la herida se hace más profunda mientras menos duele, se hace más profunda mientras a veces me río, mientras hablo contigo difunto Bolaño. Y el amor que hace crac, el corazón que hace crac ( y si algún día pudiera hacer clic…)

Ahora te entiendo Bolaño, entiendo lo que dices, entiendo como te dijeron que no te amaban. Y a mí tampoco me aman y él ya tiene a alguien a quien seguir queriendo mientras mi corazón se seca y llora, se seca y se empequeñece y se vuelve una roca. Nada que hacer al respecto. El dolor empieza y termina aquí, en esta letra a, en esta carta, en la escritura que empieza a pesarme. Yo siempre sabía, siempre supe, no queda nada Bolaño. El ni siquiera puede empezar a entender como duele. Ni siquiera pudo entender lo que era el amor, las promesas que le hacía, la vida que le entregaba, ni como me dejó en un lugar sin nada pero sin grandes revelaciones, sin grandes esperanzas, sin la libertad para decir ahora cambio, porque ahora no cambio, ahora sigo, y no sé cuánto tiempo pueda seguir en este pequeño infierno mío Bolaño. Me hubiese gustado que hablaras aún. Me hubiese gustado leer lo que ahora ya estaría listo, pero no dejaste ningún consejo, dejaste el otoño en verano, dejaste la ciudad desparramada, ninguna cosa sabia que me haga decir entonces A o entonces B.

1 comentario:

ukiukiuki dijo...

mientras un amigo me contaba de eso de estar en el mar, i entrar en el, i luego ir al mar i escuchar el mar, ver el mar. terminó diciendome qe ultimamente va al mar i casi le es indeferente, ya no es lo uno ni lo otro, es simplemente ir al mar.