miércoles

desacralizado ( o ándate a la mieeerrrda)

Soy humano me dijo y se fue a culear con pájaros a otras ciudades.
Soy humano me dijo y yo le dije no importa aunque te odio.
Soy humano y saqué sus fotos de la pared.
Por no dejar espacios vacíos las saqué todas.
Me quedé digamos vacía o en el vacío.
O bien vacía en el vacío.
Es tan natural querer y dejar de querer,
es tan natural prometer la vida
y morderse al mismo tiempo,
es tan humano...
Humano entonces! Sí claro.
Nadie especial, está bien.
Soñé seguido que lo golpeaba hasta dejarlo muerto.
Soñé seguido que lo golpeaba hasta que dejaba de pedir perdón y se asumía culpable.
Soñé seguido que era sin duda todo lo que yo quería que no fuera.
Y desperté y seguía siéndolo.
Humano, sí.
Recuerdo, sí.
Ficción.

lunes

Al claro de luna, cerca del mar, en los lugares aisla­dos del campo, vemos, sumergido en amargas reflexio­nes, revestir todas las cosas, unas formas amarillas, in­decisas, fantásticas. Las sombras de los árboles, de pronto rápidas, de pronto lentas, corren, van, vienen, con diversas formas, aplanándose, adhiriéndose a la tie­rra. En el tiempo en que yo era transportado por las alas de la juventud, todo eso me hacía soñar, me parecía extraño, pero ahora estoy habituado. El viento gime a través de las hojas con sus lánguidas notas, y el bu­ho canta su grave endecha que hace erizar los cabellos de quienes lo escuchan. Entonces los perros, que se han vuelto furiosos, rompen las cadenas, se escapan de las granjas lejanas, corren de un lado para otro por el cam­po, presos de la locura. De pronto se detienen, miran hacia todos los lados con feroz inquietud, con mirada de fuego, y así como los elefantes, antes de morir, lan­zan en el desierto una última mirada al cielo, elevando desesperadamente su trompa, dejando caer sus orejas inertes, así los perros dejan caer inertes sus orejas, ele­van la cabeza, hinchan su terrible cuello, y se ponen a ladrar por turno, sea como un niño que grita de ham­bre, sea como un gato herido en el vientre encima de un tejado, sea como una mujer que va a parir, sea co­mo un enfermo de peste moribundo en un hospital, sea como una muchacha que canta un aria sublime, con­tra las estrellas al Oeste, contra la luna, contra las mon­tañas que semejan a lo lejos rocas gigantes que yacen en la oscuridad, contra el aire frío que aspiran a pleno pulmón y que le vuelven el interior de su nariz rojo y ardiente, contra el silencio de la noche, contra las le­chuzas cuyo vuelo sesgado les roza el hocico, llevando una rata o una rana en el pico, alimento vivo, grato para las crías, contra las liebres que desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, contra el ladrón que huye al ga­lope de sú caballo después de haber cometido un cri­men, contra las serpientes que al agitar los matorrales hacen que tiemble al piel y rechinen los dientes, contra sus propios ladridos que a ellos mismos causan mie­do, contra los sapos a los que trituran con un golpe seco de sus quijadas (¿por qué se han alejado del pan­tano?), contra los árboles cuyas hojas balanceándose suavemente son otros tantos misterio que ellos no com­prenden pero quieren descubrir con sus ojos fijos e in­teligentes, contra las arañas suspendidas de sus largas patas que trepan por los árboles para salvarse, contra los cuervos que al no encontrar de qué comer durante la jornada regresan a su refugio con las alas cansadas, contra las rocas de la costa, contra las luces que apa­recen en los mástiles de las naves invisibles, contra el sordo rumor de las olas, contra los grandes peces que al nadar muestran su dorso negro y luego se hunden en el abismo, y contra el hombre que los convierte en esclavos. Después de ello se ponen de nuevo a correr por el campo, saltando con sus patas sangrantes por encima de las fosas, los caminos, las campiñas, las hier­bas y las piedras escarpadas. Se dirían que están ata­cados por la rabia y buscan un gran estanque para cal­mar su sed. Sus prolongados aullidos espantan a la na­turaleza entera. ¡ Desgraciado el viajero que se retra­sa! Los amigos de los cementerios se arrojarán sobre él, lo despedazarán, se lo comerán con su boca cho­rreante de sangre, pues sus dientes no están deteriora­dos. Los animales salvajes no se atreven a acercarse pa­ra tomar parte en el festín de carne, temblando huyen hasta perderse de vista. Después de algunas horas, los perros, extenuados de correr de un lado para otro, ca­si muertos, con la lengua fuera de la boca, se precipi­tan los unos sobre los otros sin saber lo que hacen, y se destrozan en mil pedazos con una rapidez increíble. No se comportan así por crueldad. Un día, con los ojos vidriosos, mi madre me dijo: «Cuando estés en tu ca­ma y oigas los ladridos de los perros en el campo, es­cóndete bajo el cobertor, no te burles de lo que hacen: tienen sed insaciable de infinito, como tú, como yo, como el resto de los seres humanos de rostro pálido y alargado. Incluso te permito que te pongas delante de la ventana para que contemples ese espectáculo bas­tante sublime». Desde entonces respeto el deseo de la muerta. Yo, igual que los perros, siento la necesidad del infinito… ¡Pero no puedo, no puedo satisfacer esa necesidad! Soy hijo del hombre y de la mujer, según me han dicho. Y eso me asombra… pues creía ser más. Por otra parte, ¿qué me importa de dónde vengo? De haber podido depender de mi voluntad, hubiera que­rido ser más bien el hijo de la hembra del tiburón, cu­ya hambre es amiga de las tempestades, y del tigre, de reconocida crueldad: no sería tan malo. Vosotros, los que me miráis, alejaos de mí, pues mi aliento exhala un hálito emponzoñado. Nadie ha visto aún las arru­gas verdes de mi frente, ni los huesos que sobresalen de mi rostro descarnado, semejantes a las espinas de un gran pez o a las rocas que ocultan las orillas del mar o las abruptas montañas alpinas que tan a menudo recorría cuando tenía sobre mi cabeza cabellos de otro color. Y cuando vago alrededor de las viviendas de los hombres, durante las noches de tormenta, con los ojos ardientes, con los cabellos flagelados por los vientos tempestuosos, aislado como una piedra en me­dio del camino, cubro mi cara marchita con un trozo de terciopelo negro como el hollín que colma el inte­rior de las chimeneas: no es necesario que los ojos sean testigos de la fealdad que el Ser supremo, con una son­risa de odio poderoso, ha puesto sobre mí. Cada ma­ñana, cuando el sol se levanta para los demás, espar­ciendo la alegría y el calor saludable por toda la natu­raleza, mientras ninguno de mis rasgos se mueve, mi­rando fijamente el espacio repleto de tinieblas, acurru­cado en el fondo de mi amada caverna, con una deses­peración que me embriaga como el vino, hago jirones mi pecho con mis poderosas manos. Sin embargo, sien­to que no estoy atacado de rabia. Sin embargo, siento que no soy el único que sufre. Sin embargo, siento que respiro. Como un condenado que pronto ha de subir al cadalso y ejercita sus músculos mientras reflexiona en su suerte, de pie, sobre mi lecho de paja, con los ojos cerrados, giro lentamente mi cuello de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, durante horas en­teras, sin caer muerto. De vez en cuando, cuando mi cuello no puede ya continuar girando en el mismo sen­tido y se detiene para volver a girar en sentido contra­rio, miro súbitamente al horizonte a través de los es­casos intersticios hechos por la espesa maleza que obs­truye la entrada: ¡no veo nada! Nada… a no ser los campos que danzan en remolino con los árboles y las largas bandadas de pájaros que atraviesan los aires. Eso me trastorna la sangre y el cerebro… ¿Quién, enton­ces, me golpea con una barra de hierro en la cabeza como un martillo que golpeara en el yunque?
Me parece verlo todavía, su rostro marcado a fuego
en el horizonte
Un muchacho hermoso y valiente
Un poeta latinoamericano
Un perdedor nada preocupado por el dinero
Un hijo de las clases medias
Un lector de Rimbaud y de Oquendo de Amat
Un lector de Cardenal y de Nicanor Parra
Un lector de Enrique Lihn
Un tipo que se enamora locamente
y que al cabo de dos años está solo
pero piensa que no puede ser
que es imposible no acabar reuniéndose
otra vez con ella
Un vagabundo
Un pasaporte arrugado y manoseado y un sueño
que atraviesa puestos fronterizos
hundido en el légamo de su propia pesadilla
Un trabajador de temporada
Un santo selvático
Un poeta latinoamericano lejos de los poetas
latinoamericanos
Un tipo que folla y ama y vive aventuras agradables
y desagradables cada vez más lejos
del punto de partida
Un cuerpo azotado por el viento
Un cuento o una historia que casi todos han olvidado
Un tipo obstinado probablemente de sangre india
criolla o gallega
Una estatua que a veces sueña con volver a encontrar
el amor en una hora inesperada y terrible
Un lector de poesía
Un extranjero en Europa
Un hombre que pierde el pelo y los dientes
pero no el valor
Como si el valor valiera algo
Como si el valor fuera a devolverle
aquellos lejanos días de México
la juventud perdida y el amor
(Bueno, dijo, pongamos que acepto perder México y la juventud, pero jamás el amor)
Un tipo con una extraña predisposición
a sobrevivir
Un poeta latinoamericano que al llegar la noche
se echa en su jergón y sueña
Un sueño maravilloso
que atraviesa países y años
Un sueño maravilloso
que atraviesa enfermedades y ausencias

le mepris


domingo

madre violeta

qué he sacado con quererte

Sim
Que he sacado con luna ayayai!!!
Re
que los dos miramos junto ayayai!!!
Re
que he sacado con los nombres ayayai!!!
Sim
estampados en el muro ayayai!!!
Sim
Como cambia el calendario ayayai!!!
Sim
cambia todo en este mundo ayayai!!!

Coro
Sim La Re
ayayai
Sim
ay ay

Que he sacado con el lirio ayayi
que plantamos en el patio ayayai
no era uno el que plantaba ayayai
eran dos enamorados ayayai
hortelano tu plantio ayayai
con el tiempo no ha cambiado ayayai

Coro

que he sacado con las sombras ayayai
del aromo por testigo ayayai
y los cuatro pies marcado ayayai
en la orilla del camino ayayai
que he sacado con quererte ayayai
clavelito florecido ayayai

coro

Aqui esta la misma luna ayayai
en el patio el blanco lirio ayayai
los dos nombres en el muro ayayai
y tu rastro en el camino ayayai
pero tu palomo ingrato ayayai
ya no arrullas en mi nido ayayai

Coro

miércoles

mas bien la noche era como un trozo de carne muerta, la entraña de algún animal baboso. entró por las ventanas y se nos pegó al rostro, era algo asi como una gran sangijuela. me dijiste que escondías un monstruo para mí y que no me lo querías mostrar, que no podría convivir con él. en ese momento la noche fue una gotera de agua podrida. dije que me llevo bien con los monstruos, que solemos tener una simpatía sospechosa. justo ahí se te deformó el rostro. tus ojos se confundieron con el hedor de la casa, tu cara se transformó en una vícera. comenzaron los nombres, las drogas, las putas, la poesía, las noches y los días provenientes del mismo cádaver de donde salió esta noche, nuestra noche, la noche y la muerte de un animal sucio y perdido.

lunes

bertoni

puta bertoni...como que te vi pero no sabía si eras tú. Como que no tenías barba, tenías lentes grandes de sol y un bolso muy bertoni y otro nada bertoni. Podría haber dicho: " te llamas claudio?" " eres bertoni?" "qué hora es?" " hace tiempo quería conocerte" Pero no...se me fue la onda se me fue...de repente te preguntaba si te gustaba mi poto. Tu igual andai en metro o no? Te hubiera dicho que hay un par de poemas que en realidad sería mejor que tu publicaras o que fueran tuyos. En fin...y caminé super lento para poder sapearte y tu quizás también me sapeaste si tú eras tú y si yo era yo, aunque es más probable que yo fuera yo que tu fueras tu. Aunque no podría estar tan segura de eso.

trauma

A veces creo que
hasta las líneas de mis manos
cambiaron

desierto hace casi dos años

nunca supe qué había en el desierto. Es luz o es noche cuando abro los ojos. La ceguera mía es de adentro. Ni siquiera ahora sé si es luz o es noche. Ni siquiera ahora sé qué pensar de esos días, ni en esos días podía saber que no sé qué pensar de éstos. Nunca llegas demasiado lejos ni demasiado abajo ni demasiado arriba. Fui amor y ahora soy fuego. Fui desgracia y ahora soy pena. No pude saber ahí ni ahora qué es esto que se escapa. Esto que me habla de mí y a mí solamente y que comparto con nadie y que dejo en un espacio vacío de palabras, en un maldito blog. Esto puede removerse si quiero. Pero lo dejo, para que duela o para que sane.

domingo

el orden de las cosas puede cambiar

Las medidas cautelares interpelan a la negación.

Hoy es un día especial por nada.

Hay sol y un viento helado.

Hay personas que caminan por el borde de la carretera.

A esta hora mañana
Santiago estaría funcionando.

la rabia la cobardía el dolor la frustración el desapego el valor la nostalgia la certeza la esperanza

La sensación toda de seguir con la misma ropa de ayer,
de haber dormido en esta ropa pero
que una prenda se cayó entremedio de la vigilia y el sueño
un guante invisible o en ese caso
UN CHALECO ANTIBALAS

Por eso hoy es vulnerable.
Por eso hay
que mantenerse vigilante atento
mantenerse ojo al charqui
quedarse en la vereda o no robarse el libro
si esa sensación de catástrofe inminente

ponte el casco y déjalo puesto.

hey amigo te voy a extrañar.

tengo miedo ( el destino me da miedo tengo miedo tengo miedo)

para bolaño, san

Estimado Roberto:

ud. me pone en la encrucijada de vivir un otoño no en Gerona sino en Santiago. Me pone en el aprieto de no escribir lo que debiera escribir porque termina resultando en este tipo de cosas, donde el corazón cuando río duele y me tira de ambos lados, para arriba y para atrás, y la herida se hace más profunda mientras menos duele, se hace más profunda mientras a veces me río, mientras hablo contigo difunto Bolaño. Y el amor que hace crac, el corazón que hace crac ( y si algún día pudiera hacer clic…)

Ahora te entiendo Bolaño, entiendo lo que dices, entiendo como te dijeron que no te amaban. Y a mí tampoco me aman y él ya tiene a alguien a quien seguir queriendo mientras mi corazón se seca y llora, se seca y se empequeñece y se vuelve una roca. Nada que hacer al respecto. El dolor empieza y termina aquí, en esta letra a, en esta carta, en la escritura que empieza a pesarme. Yo siempre sabía, siempre supe, no queda nada Bolaño. El ni siquiera puede empezar a entender como duele. Ni siquiera pudo entender lo que era el amor, las promesas que le hacía, la vida que le entregaba, ni como me dejó en un lugar sin nada pero sin grandes revelaciones, sin grandes esperanzas, sin la libertad para decir ahora cambio, porque ahora no cambio, ahora sigo, y no sé cuánto tiempo pueda seguir en este pequeño infierno mío Bolaño. Me hubiese gustado que hablaras aún. Me hubiese gustado leer lo que ahora ya estaría listo, pero no dejaste ningún consejo, dejaste el otoño en verano, dejaste la ciudad desparramada, ninguna cosa sabia que me haga decir entonces A o entonces B.

Acá es otoño y no es Gerona.

Ya no al borde sino dentro del abismo un montón de gente se confiesa.

Yo confieso que no conocía el dolor. Es recién el principio. La epidermis de lo que puede llegar a ser.

Reconozco que admiro a todos ellos que ya pasaron por esto.

Reconozco que puedo disfrutarlo, mi piel sin epidermis me dice que si comparamos experiencias, la mía es por lejos mucho más literaria.

Admito sin embargo que estoy en territorio desconocido, donde la maravilla trae luces a un lugar definido como oscuro o invernal. ¡Quién sabe qué ocurra más adelante!

En principio el dolor no tiene efectos físicos. Aparentemente, según el grado de sensibilidad de cada quien, esto puede irse dando lentamente y sólo si el dolor crea un nido cercano al omóplato izquierdo. Ahí si se hurga en la herida, si tienes la necesidad urgente de contemplarla asombrado e incluso de darle vida propia, el dolor conocido en abstracto puede transformarse en espasmos en todo el cuerpo.

Esto se interpreta como:

a) el dolor desea ingresar a la totalidad corporal.

b) los espasmos se producen por el tipo de negligencia llamada cinismo o bien “quiero ser un mártir”.

c) el dolor se mueve libremente encadenando una serie de reacciones ligadas a lo que hoy llamamos sufrimiento.

Por otra parte. Despierto haciendo cucharita con mi herida mientras el otro implicado (si podemos llamarlo implicado) despierta con la maravilla de tener una mujer entre sus brazos en un puerto donde la corriente de aire que entra por su ventana lo inspira a hacerle el amor dulcemente antes de partir de vuelta a una ciudad que lo espera con nostalgias para que disfrute, exento de dolor y sintiéndose tierno y diferente, la ilusión de alcanzar aquello que antes parecía inexistente.

“Tienes que sufrir lo más posible hasta que dure.”

Mira los consejos y todos los consejos pueden parecerse en la medida de lo posible

lo posible lo posible lo posible

Melodrama 1: el amor nunca se plantea con un fin.

Melodrama 2: matarse por el dolor del fin sería como decir que el amor no se plantea con un fin.

Melodrama 3: esto sería tan ridículo y seguramente no valdría la pena y no demostraría nada.

Melodrama 4: tampoco valdría la pena seguir viviendo y saber que todo pasa. La impermeabilidad es una característica que no se me ha otorgado.

Melodrama 5: la condena a que nada cambie realmente se plantea desde la condena de la eternidad. No es subir una piedra y que vuelva a caer para volver a levantarla. Es levantar la piedra incluso cuando se está bajando. Es levantar la piedra a sabiendas de que nunca puede caer.